viernes 17 de julio de 2009

Con los dientes apretados

Esta mañana -como todas las mañanas- mis dientes con dificultad se separaban unos de otros. Ante el espejo del baño mis encías sangraban al ritmo de la vida, mientras el mundo giraba como una licuadora. Yo -cada vez menos sorprendido, pero no por eso acostumbrado- atónito miro como los días pasan cada vez más rápido, como si alguien los persiguiese. Y mis dientes y mi espalda me siguen tensando el cuerpo, ayudados por mis nervios, que parecen no dar tregua ni perdón.

El café ayuda a despabilar, y pensar en tantas cosas pendientes que me gustaría hacer ahora ya, pero que la lógica de los procesos se encarga de retrasar y entorpecer. Y los días que quedan atrás penan como si para adelante no hubiese nada. Y quizás no lo haya.

El cuerpo sigue somatizando los nervios. Las ansias de cambiar todo, y la rabia de ver los días pasar sin que nada cambie. Y los dientes apretando fuerte, soñando todo lo que la vida nos quita, como si le debiéramos cuotas de nuestra existencia.

Sólo queda hacerse cargo de nuestra vida, con amor y odio, escupiendo la sangre de las encías al imbécil que intente evitarlo.

2 comentarios:

bicho maldito dijo...

El bruxismo pasa porque queremos arrancar una mascada forzosa a la vida, desquitarnos, cuando tal vez todo sería más sencillo si aflojáramos la mandíbula y pasaramos suavemente la lengua sobre las heridas. Cambiar de estrategia.

Como dije alguna vez a una amiga: la vida es como esas puertas donde uno se mata por empujar, cuando bastaba con tirar para que abriera.

Salu2 again. Bicho reportándose. Volviendo a las canchas.

Adiós Lili Marlen dijo...

Saludos!! Buen blog también el tuyo. Te he linkeado.

ALM