lunes 19 de mayo de 2008

Canto

Sé que canto para mí
Para echar todo el despojo
Que yace dentro de mí
Y que me pudre por dentro
Ejerzo mi libertad
Disfruto mi intimidad
Pero no puedo olvidar
Que otros pagaron por ello

Ay, a veces pienso en aquel poeta
Y con qué tuvo que pagar


También canto para ti
Mis despojos son los tuyos
Échalos fuera de ti
Dentro sólo te hacen daño
No temo a la libertad
Aunque a veces me da miedo
Porque no puedo olvidar
Que otros pagaron por ello

Ay, a veces pienso en aquel poeta
Y con qué tuvo que pagar


Canto que mal me sales
Cuando tengo que cantar espanto
Espanto como el que vi
Espanto como el que mueve
Espanto de verme entre tanto y tantos momentos
Del infinito en el que el grito y el silencio
Son la meta de este canto

(hermosa canción de El Último Ke Zierre, dedicada el 17 de mayo de 2008 a quienes cayeron en el Estadio Víctor Jara, Chile)

lunes 5 de mayo de 2008

Mi primer día sin ver a nadie


Nunca había estado todo un día sin ver a nadie. Y cuando digo nadie, quiero decir NADIE. O sea, no cruzar mi visual con ningún otro ser humano.

Me di cuenta de eso ayer en la noche, cuando ya llevaba gran parte del día acostado, viendo tele o durmiendo, y sin salir de mi hogar, ni tampoco abrir las cortinas. O sea, por primera vez en mi vida, no había visto a nadie en todo un día. No se trata de ser popular ni mucho menos, sino que uno siempre se topa con gente, y basta sólo con salir a la calle ya para visualizar otras personas, sean éstas conocidas o no.

Pero ayer no vi a nadie. Vi gente por la tele eso sí, y de no ser porque la parrilla programática dominguera estaba cargada de atractivos panoramas deportivos, creo que me habría aburrido bastante. Pero no fue así, fue bueno estar un día solo conmigo mismo, sin necesidad de hacer nada productivo ni interesante.

Quizás lo interesante sea eso mismo... desayunar té con unas galletas, almorzar un par de hamburguesas con tomate acompañadas de unos deliciosos vasos de vino tinto (que ayudaron a seguir durmiendo, sin duda), escuchar música, ver tenis por la tele, ver fútbol por la tele, y ver más tele para revivir las mejores jugadas del mismo tenis y fútbol que había visto antes de la última siesta. Nada del otro mundo, claro.

Supongo que si hubiese hecho esto 2 días seguidos, me habría parecido aburrido, pero un día sin ver a nadie cada 27 años, creo que no está tan mal. No tengo muy claro para qué, pero al menos como experimento me parece bastante interesante.

miércoles 23 de abril de 2008

Los carepalo

Estos días he intentado no calentarme mucho la cabeza con los argumentos contrarios a la píldora del día después. Pero ayer hubo protestas a favor y en contra (felizmente miles de veces más masiva la primera), y el tema está que arde. Y lo que está en jaque -una vez más- es la libertad de elegir.

Claramente la idea de los pro-choice no es que las píldoras se tomen como quien se toma una aspirina, ni recomendar el aborto como algo entretenido y "cool", sino que exista la posibilidad de decidir. Apoyado claro está, por una buena educación de lo que implica tomar estas medidas. Por otro lado, los pro-life (que mal nombre) son más drásticos, y en nombre de la vida quieren eliminar esa posibilidad.

Sus argumentos son que todos tenemos derecho a nacer, y se abanderan con el supuesto niño que está en un vientre ajeno, defendiendo supuestamente su derecho a la vida. Y sin embargo no tienen argumentos clínicos para equiparar el asesinato de un niño, con el interrumpir un embarazo de 1 día de gestación.

En el terreno de las estadísticas, los números dicen que los abortos clandestinos causan miles de muertes de mujeres de escasos recursos, mientras las de buena condición económica abortan igual de clandestinamente, pero con mucha más seguridad de no poner en riesgo su vida. Otra cosa es con dinero.

Pero sin ahondar en tales cifras, me impacta la propiedad con que tantas personas hablan de realidades ajenas, condenando y metiendo el dedo en la herida a quien se ve obligada a optar por una medida urgente y drástica, producto de A, B, o C motivo. Y me impacta el argumento que usan de defender una vida, cuando para eso deben obligar a otra a hacer algo que no quiere hacer. Es como defender el derecho de una persona (que ni siquiera es tal), pasando a llevar el derecho de otra.

En fin, bastante se ha escrito acerca de esto y no seré yo quien descubra América, pero desde mi humilde trinchera me permito mi legítimo derecho de opinar que quienes desean oprimir en camas y vientres ajenos, y además para eso hablar del derecho a la vida y la opción, son definitivamente... unos carepalo.

lunes 31 de marzo de 2008

La comodidad de caminar sin avanzar


Hace unos días mi padre me contaba que en los estudios de cine, cuando un auto retrocede a toda velocidad, no es que estuviera manejado por un conductor experto en andar en reversa, sino que los autos tenían la carrocería al revés, y así se producía el efecto. Un truco del cine, pero que en la vida diaria es adoptado por muchas personas. Es extraño, pero a la gran mayoría de la gente le gusta caminar sin avanzar. O más bien, avanzando hacia atrás.

Es que caminar hacia atrás es más fácil que hacerlo hacia adelante, aunque esto produce mayores riesgos de tropezar. Tiene que ver con la comodidad de no hacer nada nuevo, de trasladarse para no ir a ningún lugar, de moverse para quedarse quieto.

El ejemplo fácil es la gente que corre todos los días como si el mundo se fuera a acabar, pero cuando hay que hacer algo para que el mundo no se acabe, prefieren quedarse sentados. Es que otros lo harán por ellos. Y sin duda que generalmente es así. Y es por eso quizás que el mundo gira a esta velocidad y no a otra mejor.

Ya lo decían Los Prisioneros: "es fácil vegetar, dejar que otros hablen, y decir "ellos saben más que yo"". Y es que el arriesgarse trae consigo una sensación que muchos interpretan como temor, que es dada por el no saber qué pasará. Pero la relación "desconocido=miedo" debe ser reemplazada -a mi parecer- por la alegría de la aventura. Por la pasión del riesgo. Por el caminar hacia adelante aunque todos lo hagan hacia atrás. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Tropezar. Pero caminando hacia atrás tienes muchas más posibilidades de caer, por mucho que creas conocer de memoria el camino. Porque claro, los ojos los tenemos por delante. Tarde o temprano te darás cuenta que el retroceder no trae consigo nada nuevo, nada enriquecedor, nada apasionante. No se trata de ningún modo de olvidar el pasado, se trata de una actitud de vida más constructiva. Confrontacional, valiente, arriesgada, apasionada.

Al caer hacia adelante siempre está la posibilidad de levantarse y seguir con fuerzas, pero si caes de espaldas, levantarse para seguir retrocediendo no tiene demasiada gracia. O al menos no tiene nada de pasión.

Y un mundo sin pasión, un mundo sin riesgo, un mundo sin aventura, es tan frío como una vida sin ternura. Y allá quien quiera vivir así, pero al menos a quien escribe, le parece que el mundo está muy quieto como para no intentar remecerlo un poco. O bastante más que un poco. Y si tiene que explotar... que explote!!!

martes 11 de marzo de 2008

Un acto subversivo

El panorama es propicio. Las fichas ya están en el tablero, y el juego va a comenzar. El despertador suena como una orquesta y las máquinas esperan para ser abordadas. Los grises personajes deambulan con prisa, como ansiosos por llegar a quién sabe dónde, sin mucho conocimiento de hacia dónde van. Las miradas somnolientas se mezclan con las de desconfianza, y los engranajes están aceitados para que todo funcione como debe funcionar, y todo sea como deba ser.

El panorama es propicio. Y en este panorama, una sonrisa es como el vuelo de una mariposa que destruye la monotonía. Como el canto de un ave que hace caer una avalancha sobre una montaña. Como un oasis en el desierto.

Una sonrisa, real y transparente, fue, es, y será, un acto subversivo.

(Ilustración: Nate Williams)